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viviti

Divagaciones de poemas de marzo...


[sin título]

Quité la camisa,
bajó el zipper lento,
quedó la carne desnuda,
entró el viento,
me rozaron unos brazos,
eran los míos desnudos,
surgió un escalofrío,
una corriente me recorrió,
me vi en blanco y negro,
me sentí mar sin color,
y fui ola en una corriente,
mis manos fueron costa
y un barco de papel nació
y navegó palabras verdes
en el horizonte de mis dedos
desterrados.




[sin título]

Yo quiero escribirte hora
y desgreñar las luces
en ondas deformes
que conformen ideas
en la inconformidad de los números
en las esquinas negras
o en los pasillos anaquelados
de hombres verdes y azules
o tal vez en gavetas heterogéneas
con estalactitas de polillas
en donde yacen textos olvidados
y amores olvidados a destiempo
como muñequitas de porcelana rotas
en el tablillero de abuela,
y cuánto te extraño vieja,
o como un reloj con manecillas mohosas
en un vertedero con vista al mar
y las olas son camisas de fuerza
que tragan hombres y mujeres sin discriminar
en el bullicio de una costa sin arenas
porque las arenas las escondí en un poema
y sólo queda un esqueleto de huesos viejos
de algún homosapiens que cantó la borinqueña
cuando aún la isla era un arrecife desierto
y peces petrificados echaban el último polvo
o cuando los dioses se vistieron de negro
y uniformaron sus ideas con ideas compradas
con cupones de descuento en un periódico
y se llamaron letrados, intelectuales, filántropos
y los nombraron sabios, profetas, escritores
el día que alguien le escribió un poema a una hora
ese día cayeron los teoremas con lágrimas de cal
y nacieron islas amarradas por una arteria
como una gota semen que fue poblando la sal
como se ha poblado un grito en medio de una pisada
y un ángel navega con sus alas desplumadas un zumbido.




[sin título]

Te escucho
mientras te pienso
y monto tu rompecabeza
con tus pieza,
con tu silueta,
con tus letras
que se hacen voz
como la pasión,
la razón,
la rebelión
cuando te escucho
y estoy yo
como un pequeño dios,
como un escribidor
que es tu admirador
que te escucha
y te toca
con una nota
a tu boca
y te escribo sin seducirte
o tal vez para seducirte
sin decirte
pero que existe
y no te nombro
pero te toco
te rozo
te escojo
entre todas
te siento,
te pienso,
te espero,
sin ver tu cuerpo
el deseo,
el conteneo,
el silencio,
cuando tu rompecabeza
de cabeza,
en una pieza,
en tu rareza
y ahora de te digo
que te siento pegada,
que te escucho esperada,
que te toco en palabras
mientras estás al otro lado
frente a tu pensar,
frente a tu altar,
frente al cantar de tu boca
y es que me rozas
con una rosa
pecaminosa
y que me destroza;
te digo que te pienso
que te sueño despierto
como un cuento urbano
en tu valle de recuerdos
donde tus ojos son a veces cuerdos
y a veces la locura de los siglos;
tú sabes de lo que te hablo.



Diavagaciones de poemas de enero...


[sin título]

Nace la primera palabra
mientras la segunda aguarda tras una placenta
hecha de dedos, de sudor, de semen seco;
las palabras se juntan, se rozan, se tocan
y forman la voz que se riega de unas manos
a veces de hombre o de mujer o de algún dios;
entonces las palabras son raíces secas
de algún árbol forrado de huesos y piel húmeda
que esconde una silueta sin sexo, ni carne, ni aliento;
la palabra es el templo donde nace la idea
y la idea está en la barra, en el carro, en una cama
y se disuelve en algún baño entre pelos regados en el suelo;
entonces se tienden silencios sobre suelos rayados
donde se esconden las palabras y nada suena
tan sólo unos dedos que corren y dejan sangre a su paso;
así los dedos son las puertas a esa otra dimensión
donde nada es cierto ni falso, sólo algo sin nombre ni forma,
y no hay puertas, ni rejas, ni cámaras ocultas, ni el ojo de Dios;
entonces la palabra camina sobre un papel entintado
y una tentación se tiende sobre arenas de cristales
cuando cae el último punto como un orgasmo de gritos.




[sin título]

Tengo tres palabras acumuladas en mis dedos;
tres sintagmas que se disfrazan
en teoremas con perfumes de teorías
y con máscaras de verdad sincera;
tres palabras claves y escurridizas
que se hacen líquidas y se van entre los dedos,
que se cuelan en granos cuando son como arenas
y que se impregnan en la piel cuando son espejos.
Tengo esas tres palabras encubiertas entre mis manos.
la primera es amor con sabor a sudor y a temblor;
la segunda es poesía con sensación de letras y páginas;
la tercera es mujer con seguridad de pasión y demencia;
esas tres palabras se me fugan y confabulan
cuando se hacen una sobre mi piel, en una mirada,
y al juntarse pesan como una gota sobre una pestaña
al caer las entrañas del día y encontrarse desnudo en una cama.




Entre Julia y tú
           
A las poetas Julia de Burgos y a ti

Entre Julia y tú hay mundos clandestinos
extendidos entre montes y ciudades centrífugas
donde un río se tiende sobre papeles mojados
pariendo historias embalsamadas de versos.

Entre Julia y tú hay silencios
en donde tú misma fuiste la ruta que ambas recorrieron,
aún sin conocerse conversaron entre tiempos desiertos
cuando la vida las sorprendió desnudas de miedos y cuerpos.

Entre Julia y tú hay complicidad,
entre el ella y el tú se tienden intimidades compartidas,
y escupen sobre el indivisible concepto social
porque ambas son la mujer, la vida, la patria, la fuerza y más.

Entre Julia y tú hay espacios
donde mueren distancias y la muerte termina suicidándose
porque ustedes no quisieron ser como los hombres querían
y desde una calle nueva si paredes la vida las despertó poetas.

Entre Julia y tú hay amores,
hay sueños compartidos y derramados en lágrimas,
en aguas subterráneas donde pasiones navegan y gritos se ahogan
y canto junto con ustedes un poema de mi pena dormida.

Entre Julia y tú hay poemas
y hay letras engavetadas orgiando entre sombras
donde se nombran sin conocerse y se reconocen y tientan
y ambas son un mar en tormenta donde hace nido la palabra.

Entre Julia y tú hay dos mujeres
y más tarde hay dos cuerpos deambulando entre páginas,
rescribiendo con rojo historias donde nacen hombres
y más tarde hay dos hembras preñando entre sus piernas sus amantes dormidos.

(de mi primer libro Del silencio, la ciudad y otras pasiones in(é)ditas, Terranova Editores, 2004)




[sin título]


Quiero escribir porque estoy aburrido
porque siento que mis dedos me arden bajo los cueros
los mismos que  han sudado en tantas camas
en tantas calles inundadas de fantasmas olvidados
en donde vivir no es más que supervivencia
de una especie que cada vez es menos mía
de una legión de lunáticos tripeosos a veces,
de una guerrilla de minúsculos cuerpos
transitando por una mar sin costas ni sombras
en donde barcos hacen fila  frente a una isla escurridiza
mientras sirenas en gistros seducen gaviotas
y una ballena jorobada brinda con otra un shot de petróleo
en un atardecer vestido de galas rojas y negras
con una vela encendida en la distancia rodeada de cantos
y gritos frenéticos frente a un espejo en un hospital psiquiátrico
en donde un demente que ínfulas de mesías  imagina volver a gobernarnos
y mi abuela se duerme escuchando las noticias de las 6;
así me acuerdo que  estoy aburrido y que este papel me mira
poso mis manos sobre este teclado y se viene en letras
algunas escurridizas otras tan lúcidas como un polvo bien echado
recordando la última Medalla de alguna noche de estrellas
mientras pienso en una sonrisa con dientes metálicos que me mira
y el aburrimiento se me acaba, al menos por ahora.




[sin título]

Quité la camisa,
bajó el zipper lento,
quedó la carne desnuda,
entró el viento,
me rozaron unos brazos,
eran los míos desnudos,
surgió un escalofrío,
una corriente me recorrió,
me vi en blanco y negro,
me sentí mar sin color,
y fui ola en una corriente,
mis manos fueron costa
y un barco de papel nació
y navegó palabras verdes
en el horizonte de mis dedos
desterrados.





[sin título]

Despliego el manto de mi mano
mis dedos quieren recorrerte
quieren caminar tu luna sin tiempo
sentir el viento de tus suspiros
y correr desbocados por tus poros
en esta noche que miro tus letras y estoy
en el espejo inconcluso que te mira y siente
y unos labios, los míos, besan el silencio de la noche
en donde resucitas desnuda de brumas y estrellas
de voces que corean tu mirada invisible,
tus reparaciones casi imposibles al sentido
cuando el sentir se hace innecesario
en este segundo en que mis dedos te tocan a distancia
y hacen un puente para besarte sin labios
en la intimidad de tu mirada y tu pecho.




[sin título]

La noche y la ciudad me saben a insomnio.
arden las sombras sobre los silencios,
y son silencios que cabalgan esquinas
sobre grillos desnutridos y ciegos
cuando todo calla y se repiten zumbidos
y los zumbidos hacen ecos en latas vacías
y olas se levantan de un charco cercano
bañado de sangre, de orín, sin reflejo,
el charco de los charcos sin olvidos y sin dios
en la misma ciudad curtida de aceras rotas
por donde transitan hombres rotos y azules
como el mar idílico de en aquella postal tropical
en aquella oficina bonita con una secretaria bonita
y tan bonita la postal como la sonrisa del deambulante
que a un peso me vendió aquella tarjeta y aquel mar
con olas congeladas y sonrisas congeladas y arenas congeladas
o al menos así queda ese todo en mis ojos verdes
con mi mirada verde como un el de un monte en un cuadro
en medio de la ciudad donde ángeles petrificados decoran aleros
y palomas vuelan y gatos corren todos despavoridos en la neblina
cuando la noche y el día se juntan en el lejano horizonte
y un orgasmo de tonos rojos y amarillos decora la distancia
cuando un silencio se posa sobre otros y son solo silencio.



 
 


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