|
|
|
|
Hace como un año, se me ocurrió preguntarme si el libro hace al escritor o el escritor al libro. Quise investigar lo que pensaban algunos jóvenes escritores al respecto y muchos de ellos contestaron aquel correo electrónico que les resultó algo retador.
Sobre las vicisitudes al publicar, hace un tiempo las amigas y escritoras Mayda Colón y Kattia Chico (grandes poetas por la fuerza de sus imágenes, la individualidad e identidad de su voz) me contaban sobre sus respetivas experiencias a la hora de organizar un conjunto de sus trabajos porque habían pasado por sendas invitaciones de casas editoriales para publicar. Escucharlas contar esas experiencias me hizo recordar mi propia experiencia y eso detonó muchas otras ideas sobre ser escritor.
Muchas veces, mientras he estado en presentaciones de libros o aún en la fila del banco, o de pagar la luz, algún extraño se me ha acercado, me habla y, de la nada, sale con la pregunta: “¿tú eres escritor, verdad?”. Yo, a mi vez, me pregunto: ¿Por qué ocurre esto en lugares tan cotidianos y tan alejados de los círculos literarios o intelectuales? Que yo sepa, no llevo una camisa que diga “Soy poeta y qué”, ni mucho menos lo tengo tatuado sobre mi piel ni cargo con un letrero de neón en mi frente que lo afirme.
En los años que llevo organizado lecturas de poesía y asistiendo a ellas, he encontrado una diversidad de voces y he conocido una serie de escritores excelentes que escriben porque nos les queda otro remedio y por pasión pura. Sin embargo, no todos ven el libro como la meta de sus textos, como por ejemplo la amiga y poeta Yara Liceaga. Entonces, ¿tenemos que descartarlos por haber tomado esa decisión? ¿Acaso Kafka, Emily Dickinson, Anna Frank, entre otros, no merecen llamarse escritores aunque no publicaron en vida? La respuesta es evidente. Iniciativas como la que tomó la escritora Mayra Santos Febres con la serie de televisión Grado Zero (absurdamente cancelada), destapó una gran olla de grillos. Bajo su bendición y la de las ondas televisivas nacionales, además del Internet, bautizó y confirmó a muchos como poetas, además de haber contribuido a dar a conocer lo que la gente joven estamos escribiendo y haciendo.
Volvemos al tema de quiénes somos y por qué escribimos. El editor y escritor puertorriqueño, Elidio Latorre, piensa que “si publicas, aunque a la gente no le guste o te ignore, nadie podrá eludirte” y por otro lado, acepta que “no todos los que nadamos somos nadadores y no todos los que jugamos al béisbol somos peloteros” a lo que añade: ”no es lo mismo llamarse escritor que ser escritor”. También es muy importante su punto de vista al afirmar que “el libro no hace al escritor, pero el escritor se hace con los libros”. Kattia Chico no cree que “quien escribe lo hace necesariamente con ganas de publicar” y que “escriben por el puro placer de hacerlo, por decir algo a un prójimo específico, por hábito, por práctica, por organizarse el pensamiento, por recordar, por lo que sea, pero no puede decirse que por exhibicionismo”, aunque hay quienes piensan que el escritor es un exhibicionista. Para la escritora Ana María Fuster “escribir es nuestro norte, nuestro verdadero trabajo, eso nos convierte en escritores aunque no publiquemos, por supuesto, pero ese título de escritor sería efímero sin la publicación” además de que “tampoco se puede ser escritor sólo para ser reconocido; a la mayoría eso es lo que menos nos importa, esa ambición puede ser la prostitución del alma creativa” e interesantemente piensa que “aún así, el reconocimiento de un escritor ayuda a otros tantos, cautiva al lector común para seguir devorando las páginas, eso sí es positivo”. Mairym Cruz-Bernal dice que el acto de publicar “no te quita la angustia, ni la soledad, ni el dolor de existir, ni el dolor que te lleva a seguir la palabra como ruta de sangre y vida” y además piensa que el libro “es la evidencia de que he pensado lo que he pensado, es la evidencia de que tú pensaste, y es el encuentro de nosotros, del tú con el yo”. La joven poeta Ilia Correa vive una pasión por el libro al punto que afirma que “cuando tengo el vicio de algún libro me tomo el atrevimiento de hacer mía cada una de las palabras que el autor minuciosamente puso en él para mí” y afirma, sobre el hecho de publicar, que “nunca había querido publicar, nunca había tenido el deseo, ni pienso que tener un libro me haga más o menos poeta, pero siento la necesidad de gritar al mundo todo lo que llevo por dentro, quizás con la intención de aligerar la carga”.
A la escritora Mayra Santos Febres, esta idea del libro y el escritor le fascina y le sugiere ideas preñadas de preguntas: “¿qué sería de un escritor sin los libros de otros escritores? No estoy hablando del escritor "consagrado" o del que "pelea por su lugar en la sociedad; estoy hablando del escritor íntimo, de esa gente que se levanta todas las mañanas con la angustia de buscar esa palabra que se le escapa, eso que sabe nació para decir y que sin embargo...”. También Santos Febres cree que “el problema al que nos enfrentamos los escritores es una hidra de mil cabezas- la limitada inclusión de escritores multiculturales en las editoriales internacionales; la categorización de literatura menor y Literatura Mayor que nos crea ghettos en el guetto; el analfabetismo y su compañera, la confusión entre lo que es saber leer (así técnicamente) y saber leer literatura (que es otra disciplina poco enseñada y que muy pocos dominan); la conversión de la literatura en otra industria del espectáculo”.
Finalmente, para el poeta Guillermo Rebollo Gil esta situación “no es una movida en contra de publicar; la gente como que a veces se asusta con eso y piensa que uno esta negando la importancia del libro...” y además piensa que “la realidad es que hay muchos más escritores buenos de los que están publicados, que estar publicado no significa que uno es un buen escritor, que en estos tiempos el libro tiene que salir con un cd o con un dvd o con algo, porque la realidad es que la gente disfruta mucho el ver y escuchar la cuestión...que necesitamos mas acceso y necesitamos sacar provecho de todos los posibles medios de comunicación”.
Hay una gran diversidad de opiniones entre los escritores aquí citados, pero todos concurren con la idea de la importancia del libro y de la libertad que tiene una persona para publicar o no y en que esto no los hace mejores ni peores. De igual modo, hay una intención de estimular el acto de escribir y publicar, por ese ímpetu de hacer de las palabras elementos vivos que cualquiera pueda digerir en la tranquilidad de su intimidad y hacerlas suyas o rechazarlas. Me reafirmo en el valor del libro, pero estoy convencido de que el libro no hace al escritor, pero sí el escritor hace al libro. Los que escribimos de manera “profesional” o que nos exponemos más al ojo público y crítico, sabemos que estamos dichosamente condenados a dirigir eso que escribimos en algún momento de la vida a un libro que con suerte y la ayuda de una casa editorial, tendrá la posibilidad de llegar a las masas. El libro nunca pasará de moda mientras haya gente hambrienta de locura, de sentir la palabra frente a ellos, de experimentar ese sentido erótico que da el cruzar una página, de ese olor que se escapa del texto mismo, del acto de seducción de la forma de la letra. Eso nunca pasará de moda mientras haya escritores comprometidos con el valor del libro para despertar conciencias. A fin de cuentas, escribir es una excusa muy válida para vivir.

bravenet.com